domingo 28 de septiembre de 2008

B de Bravissimo

Alessandro Ballan no sólo se ha convertido hoy en campeón del mundo, sino que además ha pasado a aparecer directamente dentro del Olimpo de deportistas italianos. En el Mundial en casa, se han llevado un doblete (Cunego ha sido segundo) que no esperaba ni el más optimista del lugar. Y además han tenido al cuarto clasificado, Davide Rebellin, eterno en modo y forma -pese a su gran palmarés, cómo le cuesta ganar-. El último ciclista que se hizo campeón del mundo en su país fue Bernard Hinault en Sallanches, hace 28 años, y en los últimos años tenemos varios ejemplos de lo que cuesta coronarse en casa: Valverde fue superado por Boonen en Madrid mientras Freire lo tenía que ver por la tele, Bettini abandonó en Verona y Boogerd ni rascó medalla en el Cauberg. Incluso hace más de medio siglo, justo en Varese, los italianos se quedarón con un palmo de narices después de ver a sus ciclistas hacer segundo y tercero. Hoy Binda se ha redimido en la alta y desgarbada figura del hasta hoy infravalorado ciclista de la Lampre.

La carrera transcurrió bajo las pautas usuales de estas pruebas -escapada anónima que cobra mucha venta en las primeras vueltas, endurecimiento de Italia, ataques y cortes interesantes (en uno se habían quedado Bettini y Valverde, entre otros)- hasta la última vuelta y media. En la penúltima subida de Ronchi se formó un corte parecido al de la carrera de Pekín, con Ballan, Rebellin, J. Rodríguez, C. A. Sörensen y Pfannberger, que tomó unos metros de ventaja. Poco a poco fueron llegando algunos pocos corredores más, como Cunego, Van Avermaet o Breschel, y se formó un grupo de diez o doce unidades. Por detrás también venía Robert Gesink intentando enlazar, cuando apareció la anormalidad de la carrera: del pelotón, con los grandes capos (Bettini, Valverde, Freire, Boonen, F. Schleck, Zabel), no tiraba nadie. Claro, Italia tenía a tres caballos ganadores en cabeza, Bélgica también había metido a los lugartenientes de Tommeke por delante y Alemania simplemente no es una selección para tomar responsabilidades en ese momento. Pero ¿y España?

España se quemaba. Mientras Purito, el mejor español de hoy de largo (6º al final), aguantaba en cabeza, Samuel Sánchez se quedaba en tierra de nadie, sin fuerzas para enlazar con la cabeza, y Valverde y Freire se miraban dentro del pelotón. El resto de componentes de la selección estaba ya en el box, supongo que pensando en lo bonita que es Italia. Ni siquiera Alberto Contador, el mismo que dice que se irá de Astana si no le garantizan que trabajarán para él -por cierto, Thomas Dekker al final ha fichado por Lotto y no por el equipo de Bruyneel-, el mismo que prácticamente se autoincluyó en la lista para la ruta de Varese. Sin gregarios para trabajar, Valverde hizo un tímido intento de ponerse a tirar, tan tímido que igual me he pasado calificándolo como intento. La carrera ya estaba perdida; las cosas habrían sido distintas si Valverde hubiera salido con Cunego y Rebellin en vez de quedarse marcando a Bettini, como en Pekín, o si Freire hubiera respondido en primera persona a los ataques, como en Verona '04. El caso es que las elecciones de Antequera han fallado estrepitosamente hoy (exceptuando a Gárate, muy activo hasta que se retiró) y la gente se empieza a cuestionar su valía para el cargo, pese a todos sus éxitos.

Atrás se quedaron paralizados en un curioso esperpento, con Bettini despidiéndose -personalmente hasta que no le vea sin equipo en el mes de febrero no me creeré el cuento de su retirada- siendo oyente de la decisión final de la carrera. En la última subida, los tres italianos se turnaron en unos ataques que fundieron por completo a Van Avermaet y Gilbert (había enlazado poco antes) y coronaron en cabeza con muy pocos acompañantes, entre ellos el joven Breschel. No debían creer que eran los más rápidos: en lugar de tirar para llegar a meta en ventaja numérica, siguieron atacando en repetición. Ya metidos en el llano de los dos kilómetros finales, Ballan lanzó un ataque durísimo que fue acogido por los tiffossi como un gol de la Juve. Sörensen hacía lo que podía para acercar a Breschel (a la postre bronce) y el resto del grupo, pero la carrera tenía dueño. Ballan entró en solitario, como un gran campeón, y tuvo tiempo para deleitarse en la celebración.

Ballan no cumple con el perfil divesco de los campeones italianos de los últimos años, como Bartoli, Cipollini o el mismo Bettini. Es un personaje mucho más discreto, hasta en el número de victorias (8), pero qué victorias: en 2005, etapa en el Eneco Tour y en La Panne; en 2006, el Trofeo Laigueglia; en 2007, la Vuelta a Flandes, la general de La Panne y la Clásica de Hamburgo; y en este 2008, una etapa de alta montaña en la Vuelta y el Campeonato del Mundo. 190 cm. de ciclista con posibilidades de victoria en todo tipo de carreras de un día que lucirán con orgullo y merecimiento el maillot arco irís por las carreteras de todo el mundo. Empezará a hacerlo dentro de dos semanas en Tours, si es que no lo evitan las muestras de euforia de un país entero.