miércoles 15 de octubre de 2008

La carrera más infravalorada del calendario

El próximo sábado se cerrará la temporada de forma oficiosa con el Giro de Lombardía, el último de los monumentos. Oficialmente aún quedarán algunas carreras después -dos días antes será el Giro del Piemonte, una carrera centenaria de perfil bastante poco atractivo-, como el GP de las Naciones o la Japan Cup, célebre este año porque será donde Ivan Basso vuelva a la competición, pero los mejores del pelotón se irán de vacaciones después del sábado.

El domingo se disputo la París-Tours, una cita anual con el espectáculo ciclista de mayor nivel y otra de las citas menos valoradas del año. La victoria fue para Philippe Gilbert, por fin, y por motivos ajenos a mi voluntad -soy una leyenda urbana en el exilio- no pude ver la carrera todavía. Parece que fue tan espectacular como siempre; una victoria del mejor ciclista valón del pelotón es la mejor garantía de ello. De esta forma, Gilbert se despide a lo grande de La Française des Jeux, con la mejor victoria de su carrera. Llegarán triunfos más grandes en su andadura con el Lotto en las próximas temporadas.

El Giro de Lombardía es el menos valorado de todos los monumentos, por dos motivos: los cambios constantes en su recorrido y, sobre todo, su localización tardía en el calendario. Es una carrera que no tiene un lugar estable de salida y llegada, además de haber variado varias veces el tipo de perfil durante su historia, y siempre ha sido en otoño, muy a menudo con lluvia y frío y siempre entre carreteras ratoneras con un paisaje increíble. Hay que mencionar también la italianización de la prueba, no sé si como causa o como consecuencia: los últimos siete ganadores, desde Rumsas en 2000, han sido italianos (Di Luca, Bartoli, Cunego, Bettini). El recorrido actualmente se desarrolla rodeando el lago Como; desde el año pasado se sale de Varese y se llega a la localidad de Como. En los últimos 50 kilómetros se sube la Madonna del Ghisallo, lo más duro de toda la prueba, y en los últimos 20, Civiglio y San Fermo della Battaglia, donde se decide la carrera.

La edición de este año parece bastante abierta por la ausencia de los que han destacado en los últimos años: Bettini está ¿retirado?; Di Luca, otro de los tres ganadores de la prueba en activo y vencedor el domingo pasado en el Giro dell'Emilia, no participará porque el LPR no ha sido invitado; Fränk Schleck, animador habitual, está apartado de la competición hasta que se aclaren sus relaciones con Fuentes, y su hermano dice estar desmotivado por el mismo motivo; Samuel Sánchez estará, pero no se le espera por la cabeza; Rebellin no participará porque el Gerolsteiner se ha descartado después de los positivos de Schumacher y Kohl; y de Riccò, segundo el año pasado, todos conocemos su paradero.

Así las cosas, nos queda todavía el último ganador, Damiano Cunego, que no dio buenas sensaciones en Emillia pero sí que estuvo a un gran nivel en el Mundial, y el campeón del mundo Ballan, ambos del Lampre. El CSC se presenta con Kolobnev, Kroon y Chris Anker Sörensen, que, especialmente el ruso, están capacitados para rodar con los mejores en Lombardía. Robert Gesink (más que notable su temporada), Cadel Evans, después de su reaparición tras lesión, Nocentini y Joaquim Rodríguez completan una descafeinada nómina de favoritos. De los tapados, pondré especial atención en Janez Brajkovic, el todavía joven esloveno del Astana, que parece asomar la cabeza por momentos.

Pese a las notables ausencias habrá espectáculo del bueno en la clásica de las hojas muertas, como casi siempre. Este año ni siquiera representará el desenlace del Pro Tour, merced al esperpéntico calendario del challenge de la UCI esta temporada, y posiblemente no se le dedicará ni una línea en toda la prensa deportiva española. Es el precio que tenemos que pagar algunos locos por vivir en las siempres agridulces minorías, aunque les aseguro que el sábado por la tarde no me importará en absoluto. Larga vida al ciclismo.